En un tono de comedia negra y con muchos elementos de acción, PERRO COME PERRO es un thriller que narra la historia de dos hombres con un mismo y fatal destino, Víctor Peñaranda y Eusebio Benítez. Su condena es el desenlace lógico por haber roto las reglas que definen el mundo del hampa. Un código que no está escrito en ninguna parte, pero que aceptaron como se acepta que la noche sigue al día.
En ese mundo manda El Orejón. Un poderoso empresario que vive en el edificio más alto de la ciudad, acompañado por una cantidad extravagante de telescopios, quien sufre de agorafobia y es devoto de la brujería, quiere cobrarles sus yerros.
Peñaranda y Benítez han sido contratados para un operativo del que tienen pocos detalles. Se conocen compartiendo la habitación de un céntrico hotel, donde deben permanecer atentos y a la espera de instrucciones telefónicas. Ambos han llegado acatando una orden y tratando de ocultar sus culpas: Peñaranda guarda, desde hace dos días, una gruesa suma de dólares que hurtó durante un turbio allanamiento. Benítez carga con el peso de no controlarse y haber acabado con William Medina, el ahijado favorito de El Orejón y, sin quejarse, sufre lo que parece ser un maleficio.
El Orejón es dueño del dinero que esconde Peñaranda y está en duelo por su ahijado. Poco a poco acorrala a Peñaranda mientras atormenta a Benítez hasta llevarlo a la locura.
A Peñaranda le palpitan los dólares que ha ocultado en el cielorraso del baño de la habitación, sospecha de la desordenada y misteriosa situación que le rodea, del extraño comportamiento de su compañero de cuarto, quiere huir, pero tarde descubre que la misión tramposa en la que ha caído fue contratada por El Orejón.
El botín de Peñaranda es ahora un fardo de miedo. Su plan de fuga se frustra permanentemente por situaciones que rayan en lo absurdo. El asedio espectral hace que Benítez, en apariencia, no preste atención a la celada. El cerco se cierra, hasta que son forzados a ir a un último operativo, donde saben que la única y desesperada opción que encuentran es unir sus escasas fuerzas contra El Orejón.
Cada instante es un paso más hacía un vértice sin regreso. Bajo la lógica inusual de Perro come perro, donde la lealtad es palabra muerta, la vida se encarga de enseñarle a cada uno de los personajes de esta trama que quien que ríe de último no necesariamente es el que ríe mejor. |